La embolización prostática es un tratamiento mínimamente invasivo para la hiperplasia benigna de próstata, una condición frecuente en hombres mayores de 60 años. Este procedimiento ayuda a reducir el tamaño de la próstata y aliviar síntomas urinarios sin necesidad de cirugía abierta.
La embolización prostática es un procedimiento médico indicado para tratar la hiperplasia benigna de próstata, una condición frecuente en hombres mayores de 60 años.
Esta enfermedad puede generar molestias urinarias y afectar la calidad de vida del paciente. A través de este tratamiento, se busca reducir el tamaño de la próstata sin recurrir a una cirugía abierta.
La embolización prostática consiste en bloquear las arterias que suministran sangre a la próstata. Para ello, el médico introduce un catéter en una arteria, generalmente desde la zona de la ingle, y lo guía hasta llegar a los vasos sanguíneos que alimentan la próstata.
Luego se liberan microesferas que bloquean el flujo sanguíneo hacia la próstata. Esto permite que la próstata reduzca progresivamente su tamaño y que los síntomas urinarios mejoren con el tiempo.
Es una opción menos invasiva que la cirugía tradicional y puede representar un menor riesgo de complicaciones.
Ayuda a mejorar molestias como dificultad para orinar, flujo urinario débil y necesidad frecuente de ir al baño.
Generalmente presenta menos efectos secundarios que otros tratamientos más invasivos.
En muchos casos, el paciente puede regresar a casa el mismo día y retomar sus actividades de forma progresiva.
La embolización prostática puede estar indicada para pacientes que:
La indicación final debe ser evaluada por un médico especialista según el diagnóstico y condición de cada paciente.
El procedimiento se realiza bajo anestesia local y sedación. El médico introduce un catéter a través de una pequeña incisión en la ingle y lo guía hacia las arterias que llegan a la próstata.
Una vez ubicado el catéter, se liberan microesferas que bloquean el flujo sanguíneo hacia la próstata. El procedimiento suele durar entre 1 y 2 horas y se realiza con control de imágenes para asegurar mayor precisión.
En muchos casos, el paciente puede regresar a casa el mismo día. Se recomienda descansar y evitar actividades físicas intensas durante los primeros días.
La mejora de los síntomas puede ser gradual. Muchos pacientes notan una mejora significativa entre las 2 y 4 semanas posteriores al procedimiento.
El médico puede indicar controles periódicos para evaluar la evolución del paciente y confirmar el resultado del tratamiento.
En CIRE, nuestros especialistas evalúan tu caso para indicarte el procedimiento más adecuado según tu diagnóstico.